Ars longa, vita brevis

domingo, 27 de febrero de 2011

De los cabellos de oro fue tejida la red, que fabricó mi sentimiento.

Garcilaso de la Vega.



Cuando llega la noche tras el velo del tiempo brilla una cabellera de estrellas ofrecida a Venus, un voto de una reina, una elegía que Berenice (esposa de Ptolomeo Evergetes) prometió a la diosa su cabello si su marido volvía victorioso de una expedición bélica, ocurrió así; pero al día siguiente los cabellos desaparecieron del templo.
Colon de Samos, astrónomo, descubrió una constelación de siete estrellas y creyéndola el robo de la diosa la bautizó como: La cabellera de Berenice. Calímaco el poeta y bibliotecario alejandrino escribió sobre un papiro su obra más importante que toma el título de esta constelación de estrellas y que es conocido por la imitación de otro poeta latino, Catulo.

Berenice muere en el blanco papel en un cuento gótico de Edgar Allan Poe y otra melena guarecida en un cajón secreto lleva a una locura enamorada al protagonista de otro relato que Guy de Maupassant tituló : La cabellera.
Eros es un dios caprichoso que dota al pelo femenino de las ondulaciones del deseo y cómo tal ha pasado a otras culturas ( judía, musulmana, cristiana) que la han convertido en símbolo de pureza, recato, expolio o pecado. Aún en la actualidad velan los velos el oscuro pelo de las huríes y odaliscas que sólo se ofrecen largos y desnudos al único disfrute del esposo moro. La judía y la cristiana recataban su pelo, se lo recogían cuando se desposaban pues la cabellera suelta y exhibida se unía a la metáfora de virginidad. Se convertía en expolio en la imágenes de las Magdalenas que además muestra un pecho desnudo en un símil de pecado y arrepentimiento. Frida Kahlo se cortó su cabello y se vistió de hombre con un traje en que el dolor la desproveía de femineidad. Sisi la emperatriz del imperio astro-húngaro es plasmada luciendo su impresionante cabellera para el disfrute solitario de su majestad y cónyuge Francisco I.

La madonas, representaciones de la madre de Jesús muestran la soltura de los cabellos como un atributo más de lo inmaculado, famosas son las inmaculadas concepciones de un artista hispalense; Baltasar Esteban Murillo, la Inmaculada Concepción es un dogma de fe, en el que se trasmite que María la madre de Cristo, no fue alcanzada por el pecado original y concibió a su hijo además siendo doncella núbil.




El cabello arropa como un vestido cuando una leyenda medieval, Lady Godiva, pasea desnuda para aliviar a su pueblo de los impuestos con los que su esposo, el conde Leofric, castigaba a sus vasallos, ella conmovida por la miseria del habitantes de Coventry le pidió a su marido que los liberara de su cruel ambición y él accedió a cambio del paseo mencionado; Godiva puso tan sólo una condición que las calles estuvieran desoladas, las puertas y ventanas clausuradas. En el pueblo de Coventry hubo tan sólo una excepción, un sastre ( Peeping Tom, el mirón Tom) que no se resistió a mirar a su señora por un agujero en la persiana pero pagó cara su curiosidad quedándose ciego, desde entonces su nombre pasó a designar en el idioma inglés, lo que en castellano llamamos mirón y en francés voyer.

Esta lady dulce y medieval es paseada por los colores románticos del prerrafaelista John Collier. La hermandad prerrafaelista fue un grupo de pintores y poetas ingleses que se rebelaron contra el academicismo que imperaba, los prerrafaelistas acusaban a pintores anteriores como Joshua Reynolds miembro de la academia de bellas artes, de una total falta de sinceridad, de una elegancia insustancial y de estar influidos por el manierismo ( a la manera ) de Rafael y Miguel Ángel. Rechazando todos estos postulados artísticos anteriores; Millais y Dante Gabriel Rosetti ( influido éste por otro poeta y pintor William Blake ) son algunos de los artistas que retornaron a los colores del renacimiento, cuya temática historicista rescataba la leyendas arcaicas, medievales e incluso el clasicismo de Roma y Grecia como en el caso de Lawrence Alma-Tadema.
Un renacimiento a las fuentes de la inspiración servidas por la naturaleza, al pasado y la libertad como consigna romántica.
Las venus de Ticiano vuelven a los tonos de la vida con una llamarada de cabellos dorados o negrísimos y malditos adornados con flores del mal.
La cabellera
¡Oh vellón, que rizándose baja hasta la cintura!
¡Oh bucles! ¡Oh perfume cargado de indolencia!¡Éxtasis!
Porque broten en esta oscura alcoba
Los recuerdos dormidos en esa cabellera,
La quiero hoy agitar, cual si un pañuelo fuese.
Languidecientes asias y áfricas abrasadas,
Todo un mundo lejano, ausente, casi muerto,
Habita tus abismos, ¡arboleda aromática!
Tal como otros espíritus se pierden en la música, El mío, ¡oh mi querida!, navega en tu perfume. Lejos iré, donde árbol y hombre, un día fuertes. Fatalmente se agostan bajo climas atroces; Firmes trenzas, sed olas que me arranquen al fin.
Tu albergas, mar de ébano, un deslumbrante sueño De velas, de remeros, de navíos, de llamas: Un rumoroso puerto donde mi alma bebiera A torrentes el ruido, el perfume, el color; donde naos surcando el oro y el moaré, Abren inmensos brazos para estrechar la gloria De un puro cielo, donde vibre eterno calor. Y hundiré mi cabeza sedienta de embriaguez En ese negro océano, donde se encierra el otro,Y mi sutil espíritu que el vaivén acaricia Os hallará otra vez, ¡oh pereza fecunda!¡Infinitos arrullos del ocio embalsamado!
Oh cabellos azules, oscuros pabellones Que me entregáis, inmensa, la bóveda celeste; En las últimas hebras de esas crenchas rizadas, Confundidos, me embargan los ardientes olores del aceite de coco, del almizcle y la brea.
Durante edades, siempre, en tu densa melena mi mano sembrará perlas, rubíes, zafiros, para que el deseo mío no puedas rechazar. ¿No eres, acaso, oasis donde mi sueño abreva a sorbos infinitos el vino del recuerdo?
Charles Baudelaire.



domingo, 13 de febrero de 2011

El grano de arena



La belleza, como el dolor, hace sufrir.
Thomas Mann

Un cuerpo extraño o un grano de arena se introduce en el interior de una ostra produciéndole dolor, el dolor que se convierte en una esfera más o menos irregular nacarada, una perla de matices grises, negros o blancos iridisados, es el dolor más belleza de Mann.
Una perla peregrina, una joya famosa y de leyenda que un actor regaló a una actriz como prueba de amor en dos anillos de boda. Liz Taylor es la dueña de esta perla con forma de lágrima, Richard Burton fue su marido en dos ocasiones y el oferente de la perla. El caniche de la actriz afiló sus dientes sobre ella con lo que la peregrina presenta una hermosura con muescas.
Son la perlas desde siempre símbolos de riqueza, los nobles y reyes adornaban con ellas sus coronas, collares y vestidos en lechos de tafetanes y sedas escarlatas.
Escarlata o Scarlett Johansson protagoniza la película de Peter Webber, la joven de la perla, según el best-seller de Tracy Chevalier.
La joven de la perla es un conocidísimo lienzo pintado en Delf (Holanda) hacia el siglo XVII por un artista, Johannes Vermeer, que buscaba la luz en el interior de la intimidad, un artista que pintó poco en realidad abrumado por una prole vasta.
Licencias de imaginación se tomó Tracy para la trama de su libro, pero este cuadro de una joven con tocado oriental nos muestra tres cuartos de su cara y tres puntos de luz poética en su mirada, sus labios y la perla. Nos imaginamos su movimiento, el giro de cabeza en esta joven para la que los estudiosos del arte impulsan la idea de que ella es una de las hijas de Veermer a punto casarse y la perla un símbolo de castidad e inocencia.
Un fondo negro la envuelve cómo una cámara oscura que Veermer utilizaba; negro como otra perla, la de un relato de John Steinbeick y otros cuentos de perlas orientales que escribió un suicida en el sol naciente,Yukio Mishima.
De nuestro dolor quisiéramos la irritación a un grano de arena convertido en perla.







viernes, 4 de febrero de 2011

El viejo par de botas




Si se piensa bien, hay muy pocos temas. Y estos se repiten constantemente de Venus a Cupido que se hacen la virgen y el niño, de la virgen y el niño se hacen madre e hijo; sin embargo es siempre el mismo tema. Tiene que ser maravilloso encontrar un tema nuevo.
Van Gogh por ejemplo. Una cosa tan poco corriente como sus patatas, !Haber pintado eso!-o sus viejas botas eso si que fue algo maravilloso! Picasso.

Sobre este viejo par de botas se abrió una polémica filosófica, la originó Martin Heidegger y le sirvió de inspiración para su tesis "el origen de la obra de arte" en los años 30 del pasado siglo.
Estimó que el calzado de Vicent eran las botas raídas e hinchadas por el trabajo de una campesina y que con ello quería expresar el esfuerzo de su trabajo.
30 años después el historiador del arte Meyer Sahapiro contradijo a Heidegger y a su juicio, pertenecían a un urbanita y que no eran otra cosa que un autrorretrato de Van Gogh.
Continuo el debate diez años después con el filósofo francés Jacques Derriba, sosteniendo que los zapatos no formaban un par sino que pertenecían a un juego distinto.

Paul Gauguin relataría que Vicent guardaba ese par de viejas botas en su estudio y cuando le preguntó que para que quería ese pingajo ( él consideraba a Vincent como un loco) ; le contó que era hijo de un pastor y que él mismo había estudiado teología y siendo muy joven sin decirle nada a nadie se marchó a Bélgica para predicar el evangelio a los trabajadores no como le habían enseñado, sino como él lo entendía,
Jesús amaba a los pobres y que esas botas soportaron muy bien el viaje.
Mientras predicaba a los mineros de Borinage, hubo una explosión de grisú, una de las víctimas tenía tal grado de quemaduras, cicatrices y mutilaciones que Vincent se dedicó a su cuidado en cuerpo y alma, como una amorosa madre hasta al punto que salvó su vida.
Las cicatrices del hombre que como un resucitado por sus desvelos, se le antojaron a Vincent las cicatrices de una corona de espinas y tuvo la visión de Cristo, de su corona, esa era la razón por la que no se había desprendido de las botas (como una reliquia) que llevaba puestas cuando tuvo la visión, Jesús mora en lo más profundo de nosotros, así lo sentía.
Gauguin concluyó el relato:
"Y Vincent tomó de nuevo el pincel y en silencio continuo trabajando junto a un lienzo en blanco, yo mismo tuve la visión de Jesús predicando amorosa y humildemente.

Suscitó, suscita porque razón Vincent pintaba sus viejas botas, una pequeña obra de 36 por 46 centímetros, un par de zapatos para caminar por el misterio de las noches en la que cuando sentía la necesidad de una religión salía a pintar las estrellas.