Acabo de volver a mis playeros grises
les he echado cuatro mil kilómetros del norte al sur por el país de
la Liberté Egalité y Fraternité en mi segunda ida y vuelta.
Esta vez soy las tapas de las botas de
alguien que como yo viajó hasta una pequeña ciudad en la Provenza
una de las ciudades más antiguas de Francia. Voy en su busca allí,
esta vez no hay cuadros sino el escenario real de sus obras para
colocar tus botas hallando el Mistral, la atmósfera nítida, las
montañas Alpilles, los áureos olivos, los cipreses corta vientos,
el claustro, el huerto y en su habitación celda las estrellas como
puntos suspensivos brillando tras las rejas.
Reprimo amagos de pesadumbre por él en
Saint Rémy de Provence donde por las noches alevosamente cantan las
cigarras.
En este octubre luminoso los campos de
lavanda duermen hasta la primavera y duerme el recuerdo de mis pasos
ya en busca de Vincent Van Gogh.
El monasterio de San Paul de Mausole a
las afueras de Saint Rémy ciudad natal de Michael de Nostradamus fue
el refugio donde hostigado por multitud de causas su hermano Theo le
buscó asilo en el eufemismo de casa de salud que aún hoy comparte
esa función además de pequeño museo con su habitación donde el
viajero o quizá peregrino porque la peregrinación comienza con un acertijo de verbo en credo cerrando el sendero.
Creo en Vincent descatalogando su etiqueta
de genio por lo que de él creo sintiendo fue su
inmarcesible soledad de acantilado creador acosado por la absenta, la
melancolía, las crisis nerviosas, la locura, la pasión, la manía
persecutoria y el pacto de silencio de lo ocurrido entre en él y
Paul Gauguin unos meses antes.
Durante un año en el sur encontró el
expresionismo lejano del frenesí a la luz de un fulgor diáfano
sereno con ritmo sesgado de simbolismo espiritual por Saint Rémy
ondulando ciento cincuenta obras.
Desandando sus pasos prosigo para ir
Arles ubicada y destartalada su casa amarilla esa que compartió un
verano con Paul, su habitación azul, otra
reclusión en la casa de salud de Arles y su vibrante café le soir.
A las afueras de Arles en su puente de
lavanderas solitario bajo el sol de la mañana sólo un hombre tan
semejante en su fisonomía con el pintor holandés y a sus pies el
estuche de una guitarra...
esbozando el dibujo del puente de
madera con un bolígrafo azul a quien dedico esta nota por su devoto silencio concentrado.
La casualidad traza lo que jamás se me hubiera ocurrido pedir...
Dejo de escribir ya para que la
elocuencia de las imágenes narren lo que Vincent perdida su fe en la
religión razón por la cual comenzó a pintar volvió a encontrar en
el ángelus de la tierra provenzal hasta que transcurrido ese año de 1889 volvió al norte de donde ya no regresó o quizá sí porque
ignoramos a dónde vamos ni de dónde venimos y para esos dónde
aguardan kilómetros cero.
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La habitación de Van Gogh en el Asilo de Saint Paul |
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Autorretrato que realizó en Saint Rémy |

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Estatua de Vincent Van Gogh con girasoles en la entrada del asilo. |
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El asilo de Saint Paul de Mausole a las afueras de Saint Remy |
El ciprés |
Los olivos en Saint Rémy |
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Café le soir |
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El jardín de la casa de salud de Arles |
El puente de Langloise y lavanderas |